Tener un hijo, independientemente de su género es sin duda tener a un ángel que nos acompaña y nos llena de alegría el corazón y el alma. Pero cuando somos mamás de una niña, no solo ganamos a una amiga y confidente por el resto de nuestras vidas, ellas se convierten en un reflejo de nosotras, como una pequeña versión de nuestra imagen y personalidad.


Como mujeres, somos conscientes de que existieron situaciones en nuestras vidas que hubiéramos preferido que nunca hubiesen ocurrido. Sin embargo, estas lecciones que nos otorga la vida se transforman en fuentes de sabiduría que debemos aprovechar en la crianza de nuestras pequeñas.

Las mamás somos el primer modelo a seguir en la vida de nuestras hijas. Cuando son pequeñas ellas aspiran a ser idénticas a nosotras, por lo que muchas veces las vemos imitándonos como forma de jugar, repiten frases que nosotras decimos e incluso suelen querer usar nuestra ropa.

Es por ello que en los primeros años de nuestras hijas, sobretodo en su niñez tenemos que darles la mejor versión de nosotras. Hay que enseñarles que nada es imposible, que pueden lograr a ser lo que ellas deseen si se lo proponen, que está bien sentirse triste y mal algunas veces, pero que luego debemos coger fuerza y salir adelante.

La conexión entre una hija y su mamá es muy fuerte y especial. Ellas deben ver en nosotras una madre, amiga, confidente que siempre estará para apoyarla, guiar y aconsejar de la mejor manera.

No se trata de que no cometan errores, sino que aprendan de ellos. Recordemos que nosotras también fuimos niñas, adolescentes y jóvenes. Con los mismos miedo, soñadoras y con aspiraciones.

Inculquemos  desde que son pequeñas el amor propio, no las comparemos con las hijas de nuestras amigas o de otras personas. No las hagamos sentir incomodas con su cuerpo o decirles como deben actuar. No las hagamos sentir menos, hagamos criticas constructivas no destructivas.  

Detrás de toda gran mujer, hay una mamá amorosa y comprensiva que supo como guiarla. Una madre perfectamente imperfecta que sabe que se predica con el ejemplo, y sabe reconocer cuando ha fallado.